El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ha dado a conocer los primeros datos positivos del proyecto de monitorización del carbono orgánico del suelo (COS), un estudio de gran alcance que analiza cómo determinadas prácticas agrarias benefician la calidad del suelo y contribuyen a mitigar los efectos del cambio climático.
Durante una jornada organizada por la Red PAC con motivo del Día Mundial del Suelo, se han compartido los avances de este ambicioso programa, enmarcado en el Plan Estratégico de la PAC 2023-2027. El proyecto monitoriza 16.000 parcelas repartidas por toda España y prevé la recogida de 128.000 muestras cada dos años, lo que lo convierte en el estudio más extenso realizado hasta ahora en el país y uno de los pioneros en Europa.
Los resultados preliminares apuntan a que las prácticas asociadas a los ecorregímenes y a la agroecología están aumentando la fijación de carbono en los suelos agrícolas, reforzando su fertilidad y mejorando su capacidad de adaptación frente al cambio climático. Estas conclusiones ofrecen una base científica sólida para orientar las políticas agrarias de los próximos años.
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“El suelo sano nos da de comer”: presentación de los primeros resultados del estudio nacional sobre carbono orgánico del suelo
El proyecto es fruto de un trabajo conjunto entre el equipo de la Encuesta de Superficies y Rendimientos de Cultivos (Esyrce), el INIA-CSIC, más de 300 técnicos de campo y agricultores y ganaderos que han colaborado en la toma de muestras y el seguimiento de las parcelas.
El Ministerio destina 2,5 millones de euros al año a la obtención de datos, estadísticas y estudios que se ponen a disposición del sector para mejorar la toma de decisiones. Además, se ha recordado que más del 95 % de los alimentos dependen directamente del suelo, un recurso limitado cuya degradación afecta ya al 41 % de los terrenos en España.
Ecorregímenes y agricultura de carbono: implantación masiva
En 2023, el 75 % de los agricultores adoptó ecorregímenes en más de 19 millones de hectáreas; en 2024, el porcentaje subió al 77 %, con 22,2 millones de hectáreas declaradas. Se trata de un avance significativo en prácticas como la siembra directa, las cubiertas vegetales, la agricultura de conservación y el pastoreo extensivo.
También se ha subrayado la importancia de evitar que las mejoras climáticas derivadas del carbono orgánico queden neutralizadas por emisiones de óxidos de nitrógeno causadas por fertilización inadecuada o por el uso de maquinaria. Entre las herramientas impulsadas para un manejo más sostenible destacan la normativa de nutrición sostenible, los cuadernos digitales de explotación y el fomento de fertilización orgánica y biofertilizantes.
Finalmente, se ha recordado que el Gobierno trabaja en un Pacto de Estado frente a la emergencia climática, en el que agricultores, ganaderos y pescadores son considerados actores fundamentales en la gestión sostenible del territorio. Entre las prioridades: agricultura de conservación, regadíos eficientes, técnicas genómicas, ganadería extensiva y seguros agrarios.
